La atemporalidad de Raffaella

Raffaella+CarrEs una adelantada a su época, yo la defino como la Madonna mediterránea, atemporal en el espectro musical, una referente de nuestra cultura y una mujer muy guapa, porque Raffaella era muy guapa de joven. Su música desinhibida y marchosa es de más conocida por todos nuestros padres e incluso por nosotros, e indispensable en una reunión de viejos amigos que se reúnen para hablar de los nietos, como le van a sus hijos y para hacer crónicas de sucesos en la sobremesa, pero cuando suena ella de fondo todo el mundo se levanta y empiezan a bailar como si tuvieran una avispa en el hombro y estuviesen apagando una colilla a la vez, Raffaella los rejuvenece.

Podría definirse como el reggetón de los setenta, no quiero ofender porque en el fondo hay una distancia sideral entre la música de ahora y la de antes. En sus similitudes encontramos las diferencias, la temática de la música, sensual atrevida casi de destape, y la forma de vestir en ambos tiempos. Si realizamos una comparativa entre las letras de “caliente, caliente” de Raffaella y el “Limbo” de Daddy Yankee, observamos similitudes y defectos de forma a la vez. Raffaella nos dice: “Hace tiempo que mi cuerpo anda loco, anda suelto y no lo puedo frenar, ah ah ah ah, y no lo puedes frenar (coro)”, seguro que habéis susurrado el coro, muy bien. Y leemos ahora al iluminado este: “esto está como vamos pa´, como pa´ rumbiá, pa´pasarlo caliente” sin comentarios. Los dos están calientes pero lo transmiten de distinta forma, Raffaella está loca y suelta mientras que Daddy está pa´rumbia y pa´pasarlo caliente, la forma es totalmente opuesta, uno perrea mientras que la otra se descoca.

¿Y qué me decís de la ropa? Los pantalones campana, las plataformas, eso también se llevaba hace diez años cuando empezó el regetón a sonar por aquí, las chicas llevaban una cuarta de goma en los zapatos y esos Dj Band o Rotweiller de campana. Nuestras madres también llevaban pantalones de campana, aunque no fuesen de marca sino heredado, y las plataformas de colores fuertes, sinónimo de los setenta.  

Ni Vieri, ni Cannavaro ni ningún fichaje italiano en algún club español ha sido tan amortizado como el de Raffaella en la cultura española, ponías la tele en los noventa y ahí estaba ella, moviéndose al ritmo de “Que dolor” o de “Rumore”, doblando el espinazo mientras daba un giro de cuello descomunal hasta llegar con el pelo al suelo, giro de muñecas, pierna adelante, pierna atrás y giro. Y así más de treinta años, incombustible esta mujer que tiene setenta años a sus espaldas y que me imagino que habrá visto de todo, desde ser imitada en Muchachada Nui, donde Joaquín Reyes comenta que es “una mujer latina de horcate caliente”, hasta oírse e incluso montarse en alguna caravana del Orgullo Gay, es una de las musas por antonomasia del mundo homosexual. Raffaella ha dado mucho a la música disco, cualquiera conoce una canción suya y da igual la edad que tengas porque fue, es y será una mujer atemporal, al igual que su música.

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