Ni Jazz Ni Blues Ni Soul, Es Nina

Si le preguntásemos a Nina qué es el jazz, ella nos respondería: “El jazz es un término de los blancos para definir la música negra”. Si lo vemos desde su perspectiva no le falta razón. Ella no hacía jazz, ella cantaba sus temas enfatizando el silencio, gritando cuando quería ser oída y susurraba cuando existía dolor en cada rincón de la canción. nina_simone_redCon su voz jadeante, temperamental y casi ahogada hasta el asfixio tocaba con su piano de sala en sala levantando a los asistentes de sus respectivas sillas. El sonido del vinilo rasgaba aún más si cabe su característica voz. Impulsiva y temperamental, Nina deja su huella por cada canción que pasa por su voz interpretándola con alma y carácter, de hecho, muchas versiones de otros artistas las hace suyas como si llevase toda la vida cantándolas. Suzanne, Turn Turn, Turn, My way y cientos más de ellas las caracteriza con su toque persona sin hacerles perder a las canciones el suyo propio. No dejaba indiferente a nadie antes y el que la conoce ahora tampoco. Sabe moverse muy bien en espacios cerrados como el cuerpo. Caza lo que sientes y lo transmite como pocas saben hacer dedicándole sus tiempos y ritmos necesarios a cada sensación.

Su repertorio interminable de buenas canciones no puede pasar de puntillas entre nosotros sin por lo menos haber escuchado su fragmentada voz en alguna composición. Cada vez que entra en alguna especie de eco en el olvido algo nos vuelve a recordar que aún sigue removiendo sentimientos. Buena muestra de su resurgir es a base de temas y temas de sintonía para anuncios. “No tengo casa, no tengo zapatos, no tengo dinero…” cantábamos la década pasada con nuestro zarrapastroso y crudo inglés. Era la coletilla del pobre de aquel que dijese “no tengo…”. Aquella letra del tema Ain´t got no/I got life fue incrustado con maestría por una marca de coches con el subtitulo debajo del anuncio. Otros temas como I Wish, My Baby Just Cares For Me, o la que para mi es la que mejor a envejecido, Sinnerman, son otras que también salieron en anuncios. Esta última diez breves minutos que dejan sin aliento a cualquiera, tanto por su ritmo acelerado como por el énfasis y exigencia que le pone. Ese lamento y amor en la forma junto al dulzor del piano esgrimen la sonoridad de cualquier oído. Tiene versiones cortas pero ya que estáis escuchando el tema que mínimo que dedicarle su tiempo merecido.

En mi recuerdo está aquel piano sonsacando notas para dar paso a Nina en My Baby Just Care For Me y que tantas veces pedía a mi padre que me pusiese. “La canción del gato, otra vez” le decía. “¿Otra vez? Esta pobre mujer tiene que respirar un poco, dale un respiro” contestaba. Era la canción del gato, en su videoclip salía un gato de plastilina escuchando con ojos de enamorado a una gata que canta. No hablo de ayer ni del mes pasado, hablo de la década de los setenta, ochenta y noventa y de como hoy en día sigue siendo una de las mejores cantantes de raza negra. Seguramente no os haya contado nada nuevo bajo el sol, pero siempre es bueno recordarlo. No es su voz, ni su forma de tocar el piano, es ella en sí.

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